miércoles, 10 de septiembre de 2008

El esposo perfecto


Era un experto en homicidios, pero eso no le impidió sorprenderse al observar el cádaver en la biblioteca. La víctima tenía aproximadamente dieciocho años, de tez blanca y cabellos rubios. Vestía un atuendo bastante atrevido y llevaba un maquillaje exagerado.


Presentaba hematomas en varias partes del cuerpo, aparte de la gran cantidad de heridas ocasionadas por un puñal. Todo indicaba que había sido violada, especialmente por las rasgaduras en su vestido, pero no fue así. Las pruebas forenses no señalaron ningún contacto sexual.

El inspector se llamaba Jorge Martínez, como estaba al mando de la investigación permanecería varios días en la escena del crimen. Al día siguiente se instaló en el despacho de la mansión. Desde allí interrogaría a todos y cada uno de los habitantes de la misteriosa casa.
Primero entrevistó al dueño: un señor con cara de bueno y de figura regordeta, de apariencia un poco descuidada para la posición económica que poseía.

- Pase adelante - le indicó el policía-. Tengo entendido que usted es el padre de la víctima. ¿Podría decirme si últimamente tenía una actitud extraña o la compañía especial de algún hombre?

- Realmente, no - contestó el interpelado, mientras acariciaba concienzudamente su barba-. Silvia siempre se comprotaba igual. Como una cualquiera. No es extraño que haya terminado así- agregó.

Siguieron muchos personajes, pasando por los sirvientes y huéspedes de la familia, pero ninguno arrojaba ninguna pista, peor aún, todos resultaban extremadamente sospechosos. las opiniones eran negativas. Parecía que hubiesen esperado lo ocurrido. La pobre muchacha no era apreciada por nadie, excepto por su marido.

Martínez sentía que a única persona confiable era el esposo, quizás porque acababa de regresar de Londres, después de dos años de ausencia. No podría ser el asesino, cuando llegó el vuelo su esposa ya estaba muerta. Sin embargo, una extraña nota en la alcoba de la pareja, lo hizo dudar:

"Silvia adelanté el viaje. Te espero en el lugar de siempre. No me falles"

Así que citó nuevamente al esposo para otra interrogación. Al entrar al despacho, el muchacho se notaba un poco nervioso. No obstante, miro fijamente al inspector y le preguntó:

- ¿Para que me quiere? ¿Acaso descubrió que soy el asesino?- tomó uno de los cigarrillos del escritorio y lo encendió. Luego de varias bocanadas de humo, observó nuevamente al policía y esbozó una extraña sonrisa.

- No tema. Sólo quería mostrarle esta nota - dijo el funcionario, al mismo tiempo que le entregaba el papel.

El joven no se mostró sorprendido. Al parecer sabía quien la había escrito.

- La escribí yo- señaló-. Pero no tiene importancia, se la entregué hace más de dos años, cuando regresé de mi penúltimo viaje - se paró lentamente de su asiento y colocó la carta sobre la mesa -. ¡Por más que investigue, nunca podrá comprobar que soy el asesino! - exclamó y luego se marchó de la habitación.

Pasaron varias semanas. El inspector una vez más resolvió el caso. El esclarecimiento del crimen se publicó en todos los periódicos de la ciudad:

"Mujer con tres meses de gestación es asesinada por su esposo"

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