Julio se sentó en la barra. Cada vez que se sentía solo, lo cual era regular, acudía a la misma taberna. Fijó los ojos en una mesa que estaba justo al frente. Desde que frecuentaba el lugar, era la primera vez que veía a una mujer tan hermosa.
- Buenas noches, bella dama. ¿Aceptaría un trago de este humilde y solitario caballero? - dijo Julio, tratando de parecer lo más cortés y simpático posible.
-¿Por qué no? - respondió la joven- Un poco de licor sería bueno para poner a tono mis sentidos - expresó mientras una maliciosa sonrisa se dibujaba en su rostro.
El hombre sonrió, en ese instante comprendió que no iba a estar solo, por lo menos por esa noche. Después de un par de horas de conversación y de varios tragos, tomó la mano de la fémina y le preguntó:
- ¿No te parece extraño? A pesar de que somos unos perfectos desconocidos nos entendemos muy bien.
- No, no es extraño. Llevo años buscándote y por fin te encontré - respondió la chica, tomó otro sorbo de vino y acarició la mejilla de él- . Sé que no me recuerdas, pero te demostraré que en tu vida no ha existido otra mujer, porque siempre he estado yo, aunque no lo quieras aceptar y te esfuerces en olvidarme, no has podido arrancarme de tu piel ni de tu corazón.
- Lo siento, creo que estás confundida. Jamás en mi vida te había visto - expresó Julio y sin poder evitarlo se echó a reir. Una serie de ideas invadieron su mente, pero no lograba entender nada. "Seguro está loca", pensó. Sin embargo, la situación le divertía y decidió seguirle el juego.
- Creo que empiezo a recordar. ¿Qué te parece si nos vamos a un lugar más tranquilo? - sugirió.
- No pienses que te estoy tomando el pelo - expresó la dama como si adivinara sus pensamientos- . Te aseguro que es la situación más seria que has vivido en toda tu existencia y sí, vayamos a un lugar donde podamos amarnos y allí te demostraré que no miento.
- Acepto el reto - . Expresó el caballero- . Además, brindo por eso - alzó su copa y luego la inclinó sobre sus labios para disfrutar del delicioso elixir.
A la mañana siguiente, el sol lastimaba fuertemente sus ojos. Julio estiró sus brazos y bostezó. Miró complacido que ella continuaba a su lado. Besó cariñosamente su frente y le dijo:
- Tenías razón Eleonora. Traté de borrarte de mi mente, incluso logré olvidar tu rostro, pero tus besos y caricias se quedaron tatuados en mi piel, mi cuerpo te reconoció al instante.
-Sshh, no digas nada - manifestó mientras posaba su dedo índice en la boca de él-. Sólo disfruta de este amor. Te aseguro que esta vez es para siempre - susurró, al mismo tiempo que besó ardientemente sus labios.
Para siempre- confirmó Julio, dejándose envolver por las alas del amor-. Para siempre.

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